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Marzo 2015 - Big Picnic
Rock/Rock Alternativo/Pop Rock

Publicado el 13 Abril 2015 por todopunk
The Maine
"American Candy"

Quinto álbum de The Maine. Quinto episodio de las aventuras en el espacio inconfundible, casi artesano, de los de Arizona. Como una comedia de situación, la música de The Maine combina pocos escenarios con unas intenciones innegociables: ofrecer melodias de sensación veraniega, el uso de lo semiacústico junto a algún riff potente, la atmósfera de arreglos de teclado, y las personales voces y letras de John Mc Callaghan. Con cambios sutiles, The Maine han ido dando forma a un lugar propio, que tuvo en “Forever Halloween” -su anterior àlbum-, su pistoletazo de salida. Una complejidad que abrió unas cuantas puertas para el resto de su carrera, con una primera prolongación que vemos plasmada en “American Candy”. Así pues, la banda se siente cómoda, como instalada en una casa acabada y amueblada; y este nuevo disco es el primer episodio de sus vivencias en ella, algo más simple y relajado que su anterior trabajo, pero reforzado por una naturalidad embriagadora. Muy confortable y con menos ecuaciones que sus anteriores trabajos, cosa que lo hace ágil y tremendamente adictivo.
Tracklist
1. Miles Away 83%
2. Same Suit, Different Tie 17%
3. My Hair 0%
4. English Girls 67%
5. 24 Floors 17%
6. Diet Soda Society 0%
7. Am I Pretty? 17%
8. (Un) Lost 33%
9. American Candy 67%
10. Another Night On Mars 0%

Y cuando The Maine se libera, el buen rollo fluye. El título del disco hace honor a lo goloso y adictivo del LP. “Miles Away” presenta con exquisita elegancia las piezas instrumentales en pocos segundos, para que Callaghan presente la gominola y se vaya devorando pieza a pieza. Como un collar de caramelos, las estructuras están unidas por un hilo bien amarrado, que las distribuye con fuerza. “American Candy” tiene ‘punch’, atesora estribillos que, evidentemente, invaden todo el paladar con un simple mordisco, pero que esconden una receta inspirada. Como se ha dicho antes, este nuevo álbum destaca en la primera impresión , porque va más al grano. Pero, oído al canto, ya que incluye riffs marca de la casa -con ese deje Deff Leppard- y algún aporte que muestran inquietudes de este siglo, como los elementos trip-hop de partes rítmicas electrónicas. Son apenas segundos, pero ofrecen una cara fresca y sorprendente que puede evolucionar en siguientes trabajos. El ejemplo es la introducción de la canción que da nombre al disco, y que enlaza con el alma escondida de “American Candy”: las letras. Y es que, a medida que avanza el disco, la lírica plantea un paralelismo sobre la chuchería y la sonrisa ante todo, ambos gestos gratuitos y fáciles de ejecutar, pero que deben hacernos preguntar si no nos estamos empachando o poniendo la otra mejilla. “24 Floors” -que contiene un tirabuzón vocal precioso en su estribillo- nos sitúa ante la infinidad del cielo y la infinidad de la muerte en un hipotético salto al asfalto. Un bombón de licor amargo. “Diet Soda Society” dispara, con sus irresistibles formes, consignas ofensivas sobre lo que se es y lo que se pretende ser al consumir de forma casi compulsiva. La citada “American Candy”, que precisamente es la canción que más alza la voz con su agresividad y guitarras afiladas, lo deja aún más claro. Solo le faltaba eso a The Maine, la capacidad de reírse de uno mismo, saber parodiar la dulzura sin más, haciendo música agradable.

Y es que “American Candy” es eso: una banda yendo de lado a lado de una casa con una cantidad de habitacinones muy distintas. La obra está acabada, pero en la misma hay un día a día, un estudio constante. Lo que en su anterior álbum era ponerse las gafas de cerca y cincelar y pintar con instrumentos extrafinos los últimos detalles -formando en su totalidad una arquitectura compleja-, ahora es tomarse con calma el ejercicio intelectual de replantearselo todo. El precio de la sonrisa y el chequeo de los niveles de azúcar antes de zamparse otro bol de caramelos. Todo ello rubricado en el solemnte manifiesto del cierre “Another Night on Mars” -que parece grabada en directo, algo que le sienta de maravilla-, donde es imposible no imaginarse cantando el coro que suena en la misma. Y donde es imposible no otrorgarles a The Maine el derecho de llamar como quieran al espacio que han creado. Porque, efectivamente, es único y tremendamente atractivo. Y, al final, uno se siente bienvenido ahí.

Nota: 7.5
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