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16 Agosto 2014 - 10:41
BBK Live 2014
Crónica del festival. Parte 2.

[Puedes leer la primera parte de la crónica aquí]

Cambiando de tercio, el BBK Live nos deparaba un repaso a los estilos que van a reinar en impacto popular en lo que se refiere a música alternativa. Aun conociendo los ingredientes que garantizan el éxito a poco de mover bien algunas fichas, las sorpresas, esperábamos, podían tener cabida. John Newman, a pesar de que irrumpe mediante estribillos un tanto fáciles, fue una de ellas. Primero de los muchos artistas con un “hype” descomunal en redes sociales (“Love me Again”) como principal credencial, se llevó por nuestra parte el premio a la puesta en escena y entrega en las tablas. Coro a dueto femenino, una banda potente y cómoda en las difíciles condiciones que supone una tarima tan espectacular y un público a tanta distancia, y plataformas eran parte del trufado escenario que arropaba a un Newman de voz negra, soul y algún trazo a lo Michael Bolton. Sus bailes, de coreografía estilizada pero ejecución violenta y brusca, no quedaron a la zaga a la hora de dejar una impronta personal que los miles de espectadores no olvidarán. Recomendado para quien quiera un batido pop-soul de aires refrescantes.



Los hay que, sin embargo, no tiran de éxito descomunal a base de clics, y caen prácticamente cada año en los carteles del festival a base de hacer valer sus LPs. Son los madrileños Vetusta Morla (que actuaron en el escenario Heineken durante el primer día). Su indie-pop de punteados luminosos y percusiones tranquilizadoras, regaló varias revisiones y versiones de sus canciones a sus fans, como una “Copenague” en acústico. Además, la banda tiene en Pucho un frontman agradecido, carismático e incombustible entre los chasquidos de dedos y el sudor generado por sus movimientos. Así mismo, otros de los que pusieron banda sonora al primer día y que han llegado al éxito por una vía más convencional son White Lies. Los londinenses no solo ejecutan, sino que expresan de manera creíble una profundidad, melancolía y amarga animosidad que recuerdan a Joy Division e Interpol. Así, temas como “Bigger than Us” o la inspirada “There Goes Our Love Again”, quedaron de fábula en un atardecer narrado por las penetrantes resonancias vocales de Harry McVeigh.

De un tiempo a esta parte estamos siendo conocedores de una rejuvenecida y revisada puesta en escena del trip-hop, una vuelta de tuerca a gratinar lentamente jazz, beats y melodías pausadas que, con grupos como Alt-J, está ganando argumentos como influyente tendencia en la música del futuro. El australiano Chet Faker se bastó de sus “gadgets” -y alguna puntual colaboración de un guitarra y batería- para formar un oleaje humano contagioso en los puntuales asistentes a la apertura del segundo día de festival. Con una impoluta ejecución y limpia superficie de su voz de sonido R&B, el joven artista conquista y hace reaccionar al público ante temas como “Drop the Game” o la exitosa “Talk is Cheap”.



De los californianos Foster the People sospechábamos en efecto, que, programados a las 22 horas, iban a ser unos cabeza de cartel “tapados”. Mark Foster hizo retumbar por todo el monte sus falsetes y peculiar voz. El grupo ha entendido a la perfección la demanda musical de los aficionados al indie y las fiestas multitudinarias. Y esa comprensión tan eficiente del público se vivió en directo en el recital de los de Los Angeles. Aun dando una sensación un poco inocua por parte de los músicos -o es que el escenario principal no solo falló con Black Keys-, Foster moldeaba su voz sin despeinarse, la lanzaba más lejos o más cerca, la retorcía o acariciaba según se precisaba. “Coming on Age”, de su menos accesible recién lanzado álbum, resultó en un clímax exuberante, y “Pump Up Kids” fue uno de los grandes momentos del festival con el recinto a reventar.

“El cliente tiene la razón”, “el pueblo es soberano”, “mal de muchos, consuelo de tontos” y un largo etcétera tirando de expresiones populares podrían reforzar la historia que ha acompañado los meses previos al festival, las reacciones ante las confirmaciones -muy caliente el debate en Facebook en varias publicaciones del Community Manager- y las, otra vez, confirmaciones de que, por A o por B, algunos grupos iban a pasar sin pena ni gloria por la experiencia vivida en este Bilbao BBK Live. Sinceramente, pensamos que hay varios factores ajenos a los respetables artistas que, para quien tenga experiencia en, sobre todo, macro festivales de música en directo, juegan malas pasadas a conjuntos a los que solo cabe aplaudirles -más allá de debates como los cachés cobrados, un tema que colea y con razón-. Uno que suele ser habitual es el hecho de ser programado en el escenario principal. ¿Dista mucho el mismo de ser un concierto en un pabellón o estadio? No lo parece: situarse a varios metros de altura y distancia del público, sentir la presión de que el sonido llegue al último y lejano grupúsculo de espectadores, notar la importancia de ser el centro de atención de decenas de miles de personas que han pagado una entrada y ni siquiera sabes si conocen tu obra, etc... Es prácticamente imposible interactuar con quien está brindando su atención.

En cambio, lamentamos no poder decir lo mismo de Franz Ferdinand (Escocia). El primer cabeza de cartel, a nuestro entender, achaca una discografía con altibajos desde su fundación, y el factor “hit” no alcanzaba para dar consistencia a un “feeling” y energías diluidas en una sensación de cansancio o incomodidad por parte del grupo. Llegaron a la mitad del bolo con la lengua fuera. Nos quedamos, igualmente, con una emotiva y entonada “Walk Away” que tuvo cierta magia y conjunción especial con la noche y el ambiente.



Otros situados en el escenario principal, esta vez a media tarde, fueron los ingleses The 1975. Los de Manchester esconden -sin fortuna- estribillos tarareables en punteados limpios, y una apuesta fuerte por una imagen polémica. Aunque Band of Horses y Skaters también hicieron este gesto extraño, el cual solo había visto en Alex Turner y en los bises, el frontman Matt Healy encendió un cigarrillo después de aparecer en el escenario caminando de manera altiva botella de licor en ristre. No seremos nosotros quienes se dejen llevar por el morbo de catalogar actitudes, pero esa imagen de chico malo pareció un mero complemento a las adictivas melodías, sin más. Aunque se les vio bastante cómodos en un escenario difícil, la fórmula era tan repetitiva que pasó a ser música ambiental en lugar de provocar la atención en un grupo que acumula -de manera un poco artificial, ya conocemos el show business- varios premios a peor banda del año.

Queremos dejar como último análisis la programación de The Lumineers. Los de Denver se marcaron un notable recital, con una preciosa puesta en escena, con candelabros y vallas a modo de porche, se marcaron un buen manejo de nuestras sensaciones más íntimas e introsprectivas, dibujando pasajes naturales y añejos con sus recursos acústicos. Folk de la América Profunda bien hilvanado, suave. El famoso “Hey! Ho!” salió pronto para demostrar la banda unos buenos galones y abanico de temas más allá del ya descrito “hype”. Aun así, su situación a las 22 horas frunció el ceño de todos los asistentes, haciendo de “teloneros” de The Black Keys, invitándonos a sentarnos y dejar que la poca brisa acariciase nuestra tranquilidad ante un grupo igualmente tranquilo.



Y hasta aquí, y pidiéndoos disculpas por no poder ofreceros nuestra opinión en conciertos como Crystal Fighters, MTMG o los catalanes ZA! -con uno de los mejores baterías del país y con una improvisación en directo impactante-, nuestra experiencia en el Bilbao BBK Live. Seguramente es el mayor escaparate en cuanto a nivel y atención mediática con respecto a lo más rompedor o vanguardista. Una foto que vale la pena ver por su buena situación geográfica y para calibrar el estado de la música internacional y nacional más en boga, al margen de estilos y etiquetas. Estiramos las orejas a la organización por el calvario a las mujeres a la hora de poder ir al servicio y por la calidad del sonido, extrañamente irregular. Y, de una manera más subjetiva, por la falta de fuerza, potencia y garra debido a lo monotemático del cartel. Todo añadido al hecho de que varias carpas de patrocinadores ponían música a todo trapo en pleno concierto, molestando y superando a veces el sonido de los artistas en directo. Toda una chapuza. Pero, también, felicitamos el despliegue de barras de bebida y comida y la fluidez de autobuses desde San Mamés y el BEC.


Fotografías cedidas por Dena Flows. Puedes seguirle en:
- Página web: http://denaflows.com
- Twitter: https://twitter.com/denaflows
- Facebook: https://www.facebook.com/denaflows

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