Good Charlotte no son un grupo que hayan sabido manejar bien su carrera discográfica. Mi sensación personal es que no han llegado a dar en el clavo, no del todo, aunque hayan estado muy cerca. Está claro que hoy en día son lo que son, un grupo súper vendible que gracias a discos como ‘
Good Charlotte ’ o ‘The Young And The Hopeless’, se lograron colar en el circuito punkpop comercial de aquellos años en los que
blink-182 ,
Simple Plan ,
Mest ,
New Found Glory o
Sum 41 eran sus máximos exponentes. Pero aun así torcieron pronto su camino, del mismo modo que algunos de esos coetáneos lo torcieron también, en pro de un giro descarado (más) hacia el pop, las ventas, la MTV y la radiofórmula. Así, en 2007, el grupo editó ‘Good Morning Revival’, que supuso una revolución en su discografía (y un aluvión de críticas) pero que, en esencia, tenía algunas buenas canciones e intenciones. Y ahora, en 2010, regresan con ‘Cardiology’.
¿Y después de estas derivas y serpenteos indefinidos, qué podemos esperar? Bien, Cardiology no es un mal disco, pero tiene serios problemas de forma. Abandonan a medias el enfoque que adoptaron en ‘Good Morning Revival’, más vinculado al rock en el sentido más amplio del término, e intentan (y digo intentan) acercarse un poco, al menos en algunas canciones, a lo que fueron hace unos años. ¿Y lo consiguen?... Pues no. Les pierde la producción de nuevo, que actúa como si envolvieses un altavoz en mil capas de tela: amortiguando excesivamente todo el conjunto y ofreciendo un planteamiento muy basado en lo electrónico. Hay algún tema interesante, empezando por la misma introducción del disco, pero lo mejor lo vamos a encontrar en canciones como ‘Let The Music Play’, ‘Sex On The Radio’ (destrozada, como digo, por la producción), ‘Count The Days’ o ‘1979’ (con ese toque semiacústico), más cercanas a ese supuesto y pretendido reencuentro con el punkpop… aunque, por desgracia, no tardan un segundo en volver a mostrar ese indigesto toque disco-electrónico en canciones como ‘Like It’s Her Birthday’ o ‘Last Night’, que ofrecen pobres estrofas y estribillos totalmente descafeinados. A partir de ahí nos encontramos con alguna balada de relleno, como ‘Standing Ovation’ o ‘Harlow’s Song’; alguna curiosidad como en ‘Right Where I Belong’ o ‘Interlude – The Fifth Chamber’, que bien podrían estar firmadas por
Angels & Airwaves; e incluso alguna infumabilidad como ‘Cardiology’, que, curiosamente, da título y cierra el disco.
¿Cuál es la cuestión entonces? Que hay que asimilar que
Good Charlotte no van a volver (al menos en un futuro cercano) a hacer un disco entero de punk-pop como sí lo hicieran hace no tantos años, por mucho que en su momento dijesen que iban a hacer el disco que iba a llenar el vacío que habían dejado
blink-182. Y es que en realidad no les llegan a éstos la altura de los zapatos, aunque hace unos años llegasen a jugar en la misma liga que el trío californiano. Y pese a que las letras, en general sí muestran un grado de maduración interesante, para mí,
Good Charlotte , en cuanto a sonido y planteamiento, tienen una importante crisis de identidad e intención.