Miercoles 30 de Septiembre del 2020
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Publicado hace 7 años
Fall Out Boy
Crónica de su concierto en Barcelona.

El pasado día 1 de marzo, con motivo del paso de Save Rock and Roll European Tour por algunas de nuestras ciudades, pudimos asistir al retorno de Fall Out Boy a algunas de las salas de nuestro país; quedando muy lejos aquel concierto en Razzmatazz 2 de 2008, por lo que respecta a la ciudad de Barcelona. Se trataba de un concierto en sábado, organizado por Under Eighteen -U18-, a quién debemos agradecerle haber traído a grupos de la talla de The Maine, Simple Plan o Blink 182 entre otros. El evento se efectuaba en el Sant Jordi Club de Barcelona, que divide opiniones por su curiosa distribución del espacio, pero que casi siempre nos ha parecido ofrecer un sonido más que aceptable en casos como Interpol, Mumford and Sons, el Antidote Tour de 2010 -con Sum 41 y Veara entre otros- o el concierto de Blink 182 en 2012.

La cola, siendo fin de semana y con un grupo de la talla de los de Chicago, era impresionante; iba más allá de la valla que rodea el recinto, y ya anunciaba una presencia generacional bastante variada. Aún así, no se consiguió el ‘sold out’ de Madrid, en Vistalegre, del día anterior.

Una vez dentro, y ya con retraso en la apertura de puertas, el escenario nos recibía con un enorme logotipo de cruz cristiana con una flecha señalando al suelo, preparada para los neoyorquinos The Pretty Reckless, que empezaron puntuales. El grupo encargado de calentar motores ambientó la velada con un toque oscuro y ligeramente gótico. La sala, que una vez más ofreció un buen sonido toda la noche -definido, con los graves golpeando nuestros pechos y con una precisa expresión de la experiencia vivida en ambos bolos-, recibió a un grupo que nosotros, foráneos al mismo, percibimos como una especie de hard-emo-pop con unos músicos un tanto retraídos y refugiados al servicio de, eso sí, una carismática y metida en su personaje Taylor Momsem. Se echa de menos en muchos grupos liderados por mujeres, la experimentación y el riesgo en cuanto a estilo, estructuras de las canciones y recursos. Eso sí, pudimos apreciar mucha fuerza en su frontwoman, que fardó de voz potente y sin achaques, a pesar de una exigente serie de movimientos y coreografías, con movimientos amenazantes. No eran pocas las personas que lucían camisetas del grupo y que cantaron todas sus letras, una buena señal para una banda como estea por aquello de que se lleven una buena impresión de su visita. No faltó la pieza de la película Kick Ass, Make me Wanna Die.

Con cierto retraso esta vez, y tras notar que no éramos los únicos que comentaban sobre un hilo musical un tanto curioso, con Refused seguido de Jay Z, llegó el momento de la noche. Fallout Boy saltaban al escenario, y los gritos y emociones a flor de piel explotaron antes incluso de que empezaran a tocar.

Los de Chicago irrumpían en las alturas de un set un tanto rimbombante -con rampas y varios niveles-, abriendo el concierto con un tema del nuevo disco, una versión arreglada de “The Phoenix” para compensar la parte sinfónica correspondiente a la versión de estudio. A destacar la indumentaria, con todos los miembros del grupo ataviados con pasamontañas. Pete Wentz, que asumió y convenció con su carisma y chulería el papel de frontman, izaba mientras tanto una bandera enorme con un símbolo del grupo. Andrew Hurley, impactante con las baquetas, llamó la atención muy pronto, con movimientos de cuello, brazos y muñecas espectaculares.

El concierto proseguía con “I Slept With Someone in Fallout Boy...”. Cañera y desconocida para casi toda la sala, donde Pete aprovechó para dirigirse a una fan que estaba consultando su móvil diciéndole, con mucha guasa, que dejase de visitar páginas de One Directon.

Pensamos en Foo Fighters y Green Day. Parecía que estabamos ante un concierto como los de ambas bandas, esos conciertos que garantizan más de dos horas de espectáculo y repletos de rarezas y sorpresas preparadas para la ocasión. Un show con interludios instrumentales, monólogos y conversaciones humorísticas, espacios para que los músicos tocaran en improvisación y demás. También nos dimos cuenta de que, bien pronto, varios padres y chavales salían de las primeras filas. Un clásico de los conciertos de grupos grandes, en pabellones, con público de gran variedad de edades.

La diferencia a las reacciones de las canciones era patente, y los últimos trabajos capitalizaron los coros multitudinarios y los saltos coordinados de centenares de personas. Se notaba que las piezas repescadas de álbum anteriores -bien ensayadas y recuperadas-, permitieron demostrar el buen estado de forma de la formación, entregada, sonando fluida y sincronizada. Con un Patrick Stump en plena forma, sin recortar ni escatimar en falsetes y proyección de voz. “This Ain't a Scene, It's an Arm Race”, “Sugar We're Going Down” o “Thriller” (no, no salió Jay Z al escenario), fueron recibidas con resignación por un público poco conocedor de trabajos como “Infinity On High”, “Under the Cork Tree” o “Take this to your Grave”. Personalmente nos decepcionó el precario trato a “Folie a Déux”, uno de los mejores discos de pop rock de la pasada década, que sólo tuvo presencia en “I Don't Care”. Hubo tiempo, eso sí, para añadir la versión de “Beat it” de Michael Jackson. Estas canciones más antiguas sonaron agresivas, con fuerza, y provocaron dolor en las cervicales a aquellos que decidieron dejarse llevar. Pero eso sí, no hubo lugar para ni un sólo “mosh”, cosa que sí consiguieron otros líderes del Pop Punk como Blink 182, aunque estos seleccionaron, quizá, un setlist mucho más acertado.

Los momentos especiales y de hermandad con el público, en general, se lo llevaron las canciones del último álbum, “Save Rock and Roll”, con el tramo gospel de “Young Volcanoes”, por ejemplo; y las versiones acústicas, interpretadas en un set detrás del público asistente -la sorpresa del evento- de “I'm Like a Lawyer...” y “Grand Theft Autumn”, correctamente convertidas y con el irónico momento de Pete diciendo ‘cervesa cervesa’ en una sala que no la servía. La vuelta al espectacular escenario después de ese mini-set se retomó con “Dance Dance”, momento del famoso riff del bajo de Pete. Los recitales a solas de Andrew con su batería, y Joe Trohman, guitarra solista, en dos momentos del directo, se ganaron los vítores y aplausos de los espectadores.

Siguió la noche con “My Songs Know what you did In the Dark”, que funcionó realmente bien y demostró tener cabida en discotecas e invitar a corearla. Fue el tema antes del bis, y confirmaba que la duración del recital no iba a corresponder con el formato de concierto que normalmente ofrecen los nombrados Foo Fighters y Green Day. No llegó a la hora y media.

El primer tema del ‘encore’ correspondió al último álbum, “Save Rock and Roll”, con Patrick al piano. Fue de los pocos vínculos entre público y banda, repetimos, y no por falta de voluntad de los protagonistas, ya que Pete Wentz añadió un toque gamberro con sus chistes, tratando de generar complicidad, además de mostrar preocupación por los más jóvenes de la sala al pedir “one step back” a la masa, con vistas a minimizar riesgos entre la gente que, quizá, estaba aprisionada por los espectadores y la verja de seguridad.

La traca final vino con “Thnks fr th Mmrs”, bien interpretada, y con un interesante juego de voces. La velada la cerró una “Saturday” del primer álbum, que nos recordó esa época dorada del Pop Punk de los primeros 2000, con Pete haciendo, incluso, los guturales correspondientes.

Así, podemos concluir que fue una importante cita, en la que debemos agradecer a los de Chicago el nivel y seriedad exhibido en cuanto a técnica y ejecución de su material, sabiendo arreglar con los instrumentos tradicionales de un concierto de rock, las docenas de recursos utilizados en su último álbum, que acaparó la mayoría de un setlist que acabó antojándose corto para lo que podría haber dado de sí. No escatimaron simpatía y esfuerzo en hermanarse con un público heterogéneo en edad y en consumo de la música, aunque quizá no lograsen ese nivel de compenetración deseada.

En definitiva, a celebrar que añadimos a Fallout Boy al currículum de conciertos.

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