Domingo 25 de Octubre del 2020
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Publicado hace 6 años
Lagwagon
Crónica de su concierto en Barcelona

Aunque son muchos los estímulos, experiencias y relaciones sociales los que, con el tiempo, mueven la biografía de cada uno en este o aquel capítulo, el punk se ha labrado con justicia un membrete dorado, hasta el punto de trascender como canal e incrustarse como un modo de vida. Una actitud. Un caldo de sentimientos y combustibles que dan paso a dilemas y decisiones que, irremediablemente, surgen en el interior. Se ha ganado a pulso capítulos en la historia y libros que hablan sobre él. Pero sobre todo ha acunado millones de “cambios de chip”, y puesto banda sonora a otros tantos rechazos a centenares de dogmas establecidos, desde lo cultural a lo familiar. Como otras escenas, que han intentado transgredir la rigidez de lo “correcto” -y cuya única arma es hacer familia y congregar a los que cuestiona esos ingredientes del hartazgo-, el punk es algo más sobre sentimiento que sobre formalismo. Es la calle contra los despachos. Es responder una pregunta de examen con un dibujo. Es un “clic” tan absorbente y abstrayente -por su apuesta por las melodías y energía, y la accesibilidad de su sencillez y velocidad-, que puede llevarnos a describirlo de la manera que acabáis de leer sin dar cabida a otras corrientes de manera injusta.

Así pues, el pasado 15 de marzo, la gira europea de Lagwagon, The Flatliners y Western Addiction llegaba a Barcelona de la mano de HFMN, que bajo la forma del Vans Music Tour, aterrizaba en nuestro país en tres fechas repartides entre Bilbao, Madrid, y la capital condal. Pese a lo que acabamos de comentar, no queremos pecar de ingenuos y somos conscientes de las facetas menos trascendentales -y descaradamente mercantilistas- del punk. Precisamente no es baladí contrastar la meta fiestera, desgarrada, de puños en alto y coros que caldearon la sala Apolo -con un gran sonido en esta cita- con lo dicho en el primer párrafo. Unas veces más tibio, otras veces más bullicioso, el punk simplifica con una muestra de fuerza en directo todo su carácter. A veces malinterpretado y asociado a llenarse de tatuajes o dilataciones, y otras consagrado por unos señores con barriga cervecera y el pelo teñido -con litros de sudor en la piel y sin rastro de tinta-. Tantas veces hablando del acalorado amor y desamor, otras tantas poniendo a parir el primer puesto de trabajo tras dejar el instituto . Así de varipinto acaba resultando el punk como estilo en pleno 2015. “Shows are shows” nos decía Joey Cape unas horas antes de su bolo, mientras describía “Hang”, el nuevo lanzamiento de Lagwagon tras nueve años sin novedades en el frente. Lagwagon es, para muchos, miembro del gran grupo de ‘apóstoles ‘del género, e irremediablemente un grupo guía para adentrarse en él; una banda que ofrece en su directo un espacio frenético de los que dejan huella. Poseen el poderío suficiente para mostrar qué son y qué son capaces de hacer, haciendo un exhaustivo recorrido a toda su discografía. Logrando, de este modo, dar paso a las nuevas generaciones y mostrándoles cómo se hacía esto hace unos años.



Con la sala a medio llenar y con la expectativa de pasar varias horas disfrutando de una explosiva mezcla de música, Western Addiction saltaron a las tablas para calentar al personal mediante riffs contundentes, mostrando cierto toque a lo New York Hardcore en la voz, procedente de lo más profundo de Jason Halls. Solidez y contundencia comandados con mucha propiedad por la banda, todo y volver hace poco de un hiato “de facto”. Entraron muy bien y demostraron ser una gran elección para calentar el cuerpo y empezar a contracturar cuellos.

En las giras de Vans -coronadas por el veterano festival itinerante Warped Tour- se suele percibir una consciencia de espectáculo algo transversal. Aunque es imposible no destacar el cabeza de cartel, es cierto que suelen ser giras con más equilibrio entre los roles de los integrantes del “roster”. Ya no digamos si hablamos de una fecha de Lagwagon. No obstante, por varias razones, a The Flatliners se les tenía ganas y dieron un espectáculo que bien devolvió gran parte del importe de la entrada. Chris Cresswell se entrega con sudor, balanceos de su torso y con los labios tensos estirando su voz porosa y ‘musgosa’ -por brillante y por como se esparce-. El grupo se centro en desgranar “Cavalcade” y “Dead Language”, sus últimos álbumes, que muestran canciones más largas y meditada. Ese tipo de punk con un toque sutil entre el folk y el revival, una explícita agresividad y un corazón enorme en forma de componente melódico, todo ello espectacularmente ejecutado por Scott Wrigham y su agilidad digital efectuando riffs acolchados y amurallados. También por Jon Darbey tocando el bajo sin púa, y Paul Ramirez a las baquetas. Grandísima puesta en escena de esta banda.

Con los entrantes digeridos y los cigarrillos y tomadas de aire fuera del recinto antes del plato fuerte, el ambiente familiar era ya total. Total por lo que, cotidianamente se conoce como una reunión entre amigos, hermandades. Un espacio muy fino entre lo inexistente y lo legendario, incapaz de definirse, estaba llamado a ser materializado por Lagwagon. Simple y sin retorno. La música del Opening de la mítica serie “A Team” no serviría para situarnos en una época que para muchos es pasada. No era para eso. Simplemente recordaba que eso era una fiesta y que, como Joey declara, es un trabajo en equipo y le (nos) encanta que los planes salgan bien. Eso que, de manera inefable, nos remite a los 90 -o a la manera de hacer punkrock de Lagwagon-, se tradujo en ese momento en la velocidad que nubla la vista, entre hombros y luces, y melodía con pausa reggae de “After You My Friend” -de “Let's Talk About Feelings”-, una apertura inmejorable para situar ese momento en la realidad, en la experiencia. “Shows are shows”, nada más. Joey Cape comenzó así su recital, con mano al pecho y ojos cerrados, haciendo sentir bien cerca el abrazo al hombro y éxtasis de un amigo hablando por encima de la música en una juerga. La interacción con el público fue inmediata -sin necesidad de excesivas pausas con discurso-, y accentuada en los coros, mientras la banda se dejaba llevar por su música y el sentimiento comunal. Chris “Big Bitch” Flipping, más grande en lo metafórico que en lo literal -que ya es decir- no cesó de moldear con su guitarra, que parece de juguete en sus manos, todos los temes disparados por la banda. Muecas y saltos marcando la distancia con una sensación imperante de que la música es la protagonista. Toda la banda desprendió energía y buena forma, moviendo de izquierda a derecha sus mástiles y brazos al compás de Dave Raun.

La sutil evolución en “Hang”, sin escatimar nada de su sonido personal y estimulante, se vio transmutada en himnos inmediatos. “Obsolete Absolute” fue bien aprovechada, por su duración y matices estilísticos, para dar un recital instrumental y un interludio que añadió varios puntos más al extenso currículum de Lagwagon. La llenada de espacios más amplios, la espiral compositiva repleta de picos atmosféricos, el juego de clímax y pauses... Una sensación de suspensión vislumbrando algo no expresado antes por la banda -e, insistimos, sonando a Lagwagon 100%- , previo a un segundo vuelo que no cesaría hasta el bis. Un bis precedido por “May 16th”, que confirmó su condición de clásico, algo que estuvo a punto de derrumbar la sala Apolo, y la culminación de Joey Cape lanzándose al público, haciendo sincera e innegable esa pderosa sensación de hermanamiento y pertinència a un colectivo.

Shows are shows”. Toda una invitación para que se esté en ellos. Y, por los que ya no están, “the show must go on”. Una sensación que Tony Sly provoca cada día en el interior de tanta gente, y que tuvo su emotivo homenaje abriendo el “outro” con Cape, guitarra acústica en ristre, entonando “International You Day”, de No Use for a Name. Chris Cresswell aportó su grano de arena entonando las últimas estrofas. Y la sala enmudeció, en un momento que destilaba solemnidad, como los acordes bien marcados, separados entre “tupa tupa”, de Razor Burn. Un cierre de un concierto que atesoró un sonido que nos retrotrae a otra época. Lagwagon, simplemente, van haciendo. Crecen, como es normal, y precisamente es normal que crezcan incluso en su último disco, por mucho que algunos piensen que ya lo tienen todo hecho. Y ellos tienen claro que no es necesario dejar claras en pocos minutos todas las posturas y señas de identidad. A estas alturas, ya no tienen que demostrar nada; y sin quererlo, lo hacen.

Tan simple, pero tan complejo...

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