Domingo 29 de Noviembre del 2020
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Publicado hace 5 años
All Time Low
Crónica de su concierto en Barcelona

El pasado 17 de junio, la gira del All Time Low con su último disco bajo el brazo, “Future Hearts”, visitó el estado con sendas conciertos en Madrid y Barcelona. La sala Apolo albergaba el concierto de los de Baltimore de la mano de U18 y, antes de continuar, debemos pediros disculpas por -y debido a un cruce de publicaciones de horarios del evento- no haber podido asistir a las actuaciones de los artistas invitados.

Así, la sala se encontraba a rebosar de amantes del pop-punk, de la banda, y de sus letras -fieles al género que representan-, y que hablan sobre esa misma juventud que tanto les idolatra. Cabe destacar que, para ambas fechas en España, All Time Low vendió todas las entradas, como también es reseñable la cantidad de madres y padres ubicados al fondo de la sala, simplemente esperando o intentando contagiarse del espíritu ocioso y desenfadado de la música de Alex Gaskarth y compañía. Así, el cantante tenía por delante la doble tarea de plasmar su música mientras otros elementos del espectáculo, no tan musicales, iban sucediéndose. No en vano, cuando All Time Low comenzaba su carrera, Green Day se “re-bautizaba” en “American Idiot”, y algo de esa influencia ha debido quedar en ellos. Recordemos que aquél LP fue uno de los discos más importantes de este siglo, cuya gira se basó en importar al pop-punk un tipo de show que se perfila entre lo circense y la gala televisiva -con la justificación de la ópera-rock conceptual-. Por proximidad y contemporaneidad, como decíamos, era muy difícil que All Time Low no asumiera esos ingredientes para sus giras -Sum 41, otra de las “must have” del pop punk, no dudó en apuntarse al carro-. Se lo pueden permitir mientras el 99% de las bandas no pueden ni plantearse montar bolos así. Salvando las distancias, hay que aceptar que cada día es más complicado acudir a un concierto de Green Day y analizar cómo y con qué alicientes las bandas influidas por el trío toman su modelo de directo.



La introducción con “Satellite”, con Ryan Dawson ejecutando lentamente pero con fuerza la batería a dúo con Gaskarth en la parte vocal, sin ir más lejos, recordaba otras tardes con Billie Joe Armstrong y su banda. Tono épico para justificar el ritmo pausado que se mantendría toda la tarde. Una de las virtudes donde, dentro de los notables pros de la banda, destacan dos aspectos. El primero, es que todo debate sobre su sonido y consecuencias dentro y fuera de los sellos multinacionales, se difumina por completo en el set. Una selección de todos sus discos, acertada, con pulso y regularidad, que se complementa con el tino con el que la banda consigue calcar el sonido de estudio. Hablamos del planteamiento de su directo como un todo que responde a una formación que no ha variado desde sus inicios -hace más de diez años ya- y que se nota que forma una piña que ha sabido hacer de su proyecto un vivaz proveedor de conciertos energéticos y alegres, sin necesidad de pisar demasiado el acelerador.

Esto último enlaza con la otra gran virtud del cuarteto sobre las tablas. Sin apenas mirarse en las canciones -en un acertado vuelco hacia el público-, All Time Low clava el devenir de la música que escuchamos en sus discos. Detalles como comprobar cómo Zack Merrick toca su bajo sin la púa o la concreción de Ryan Dawson para sacar adelante los ritmos, dejan constancia de todo el trabajo llevado a cabo en sus horas de ensayo. Los guitarreos entrecortados de “Lost in Stereo” o el juego de velocidades de “Time Bomb” fueron, posiblemente, los momentos de cotas más altas de fuerza por parte del trío. Aun así, todas las canciones fueron recibidas con gran entusiasmo desde apenas el primer acorde.

Su parte de culpa también la tiene Jack Barakat, que fue el más entregado, hasta el punto de parecer el único responsable de la parte “show” del bolo -salvo el tándem acústico, tan eficaz, de “Therapy” y “Missing You”-. Y aquí entra la parte chirriante de la velada. El concierto selló con muchísimo factor espectáculo extra-musical su cita y, aunque All Time Low tuvo el acierto de dirigir la mayoría de ese tiempo para uso y disfrute de su público -invitación al escenario a algunos asistentes en un tema incluido-, hace que nos asalten varias dudas. Porque no hay que ser detective para deducir que el paquete de bromas y sorpresas viene dándose toda la gira, y que está más que previsto antes de abrir el telón. Eso ya genera recelo hacia el contenido de sinceridad que contienen esos gestos. Y por cariñoso que sea el acto -y se nota que All Time Low agradecen el apoyo-, el exceso de parafernalia quita más magia de la que da. Un ejemplo es la falsa “jam session” entre “eos” y “oes”, cuando al cuarteto le sobran galones para marcarse una improvisación pura. Incluso, pueden sobrepasarse ciertas líneas rojas, colgando una docena de sujetadores en el micrófono de Barakat, o que este lleve un pene pintado en papel enganchado en el dorso de su guitarra. En ese sentido, el recurso de girar la guitarra y enseñar esa “gamberrada” fue cansino desde el primer momento, pero lo peor fue la sensación de insistencia en ciertos mensajes sexuales que están un poco pasados de vueltas a estas alturas. En cambio, detalles como leer los carteles de los asistentes o jugar con unos logrados retratos en papel de la banda que aprtaron algunos fans, sí fue digno de sentir el gusanillo de estar ante algo especial.

El bis, que contuvo la versión de “American Idiot” y que cerró el recital con el clásico “Dear Maria, Count Me In”, acabó poniendo la guinda a este pastel. Un remache a un concierto de una banda que tiene bien tomado por la mano y consolidado lo que ofrece en directo. Tiene el producto definido y, a base de ensayos, tienen el precio de sus entradas justificadas el resto de su carrera; percibiéndose, además, que tienen todo muy bien atado y calculado, hasta el punto de poner guión, incluso, a las sorpresas y regalos que, a priori, deberían surgir de improviso en el momento único de tener delante una banda lejana y triunfal. Porque la música fue como la seda y los momentos más emotivos fueron gracias a un público entregado a una banda como All Time Low.

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