Sábado 31 de Octubre del 2020
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Publicado hace 5 años
Primavera Sound 2015
Crónica del festival

No se puede empezar hablando de este festival sin alabar la increíble oferta musical que propone año tras año. No sólo por abundante, sino por ecléctica. Da vértigo comparar el cartel de la primera edición, allá por el 2001, con el de la presente; esta edición, correspondiente con el 15º aniversario del festival, no es si no una prueba más del crecimiento a ritmo frenético que está experimentando cada nueva edición el Primavera Sound. El festival ya está considerado como uno de los más grandes del mundo, apareciendo junto a nombres como Glastonbury o Coachella, pero diferenciándose de ellos sobre todo en la letra mediana y pequeña del cartel, precisamente por eso, por la variedad y calidad. Se puede tachar de muchas cosas al Primavera, especialmente por el crecimiento mediático al que se ve expuesto – y buscado, no nos engañemos –, pero si algo no se le puede echar en cara es precisamente eso: proponer un cartel en el que todo amante de la música alternativa puede encontrar su lugar.

Vayamos al grano, pues. Puede que este año no haya batido récords de asistencia, o que no haya impresionado al público más exigente con los headliners escogidos, pero aún así ha merecido la pena un año más. A continuación repasamos lo más destacado de los tres días más importantes del festival.


JUEVES

Tan pronto como a las 16:00h ya hay conciertos a los que asistir. Este año los horarios lo permitieron y a las 17:30 nos pudimos colar en el “Auditori Rockdelux” para ver en directo y en solitario a Panda Bear, uno de los componentes de la banda de neo-psicodelia Animal Collective. Un horario más nocturno hubiera sido más adecuado. Con todo, el concierto fue un más que digno inicio de la jornada y en un espacio que, como siempre (y es de agradecer), hizo justicia. El hecho de que Panda Bear no alargara de manera extrema sus canciones perdiéndose en su propio sonido, como a veces si hacen Animal Collecitve, hizo el concierto conciso, al grano, pero notable.

A continuación nos plantamos en el Pitchfork y de allí no nos movió nadie durante un rato. Los que habéis estado en el festival ya sabéis lo que puede pasar en este escenario: el sonido es una lotería. Es un problema que la organización del festival debería intentar solucionar. Empezamos con Viet Cong, protagonista de uno de los debuts del año, y también unos de los perjudicados por el sonido del escenario; les faltó volumen, y en un concierto de post-punk como es el suyo, esto se hace más palpable. Aún así, hitazos como ‘Continental Shelf’, ‘Silhouettes’ o ‘Death’ (con la que cerraron el concierto y de la que alargaron los compases finales), hicieron del concierto algo muy disfrutable.

Seguimos con los más que sólidos Ought, los cuáles no renunciaron en ningún momento a los enredos sonoros y a las guitarras cortantes de su debut. El espectacular alto de su concierto se dio sobre todo con ’Today More Than Any Other Day’ en la que nadie se escapó de gritar ese “Together! Today! Together! Today”. Por poner alguna pega: que prescindieran del violín perdiendo el punch en ‘Habit’.
Antes de abandonar el escenario Pitchfork llegó el turno de escuchar a los esperados Mineral, que después de tantos años no pudieron abrir el concierto de otra manera; ‘Five, Eight and Ten’ y ‘Gloria’ fueron las encargadas de poner a todo el público en cotas de emoción alcanzables por pocos. Obviamente, empezar con los temas más laureados tiene consecuencias. A partir de aquel momento el concierto se fue apagando, por suerte, sin llegar al aburrimiento. Si bien es cierto que técnicamente estuvieron impecables, sí que se les puede achacar un poco de falta de energía en el tramo final, aunque han vuelto en un estado de forma genial. Queremos más.

Y cambiamos de escenario por nuestros queridos Brand New. Llegamos justos de tiempo, y se nota. La sensación de estar en una lata de sardinas y de agobio estuvo muy latente en el ambiente, seguramente debido a que la banda tocara en uno de los escenarios más pequeños del festival (Adidas Originals). Iba a ser un concierto corto, todos los sabíamos, pero valió la pena. Entre las capas de ruido formadas por dos baterías y a menudo hasta tres guitarras, podríamos decir que dividieron el concierto en dos partes: una primera, centrada en los temas más estridentes y más recientes y próximos al post-hardcore, el rock alternativo de canciones como ‘Sink’, ‘Gasoline’ y la destacable ‘Mene’ (¡Vaya manera de volver de los de Long Island!), y una segunda, donde complacieron a los que querían escuchar sus primeros y glorioso hits (‘Sic Transit Gloria… Glory Fades’, ‘Jesus Christ’, ‘Okay, I believe you, But My Tommy Gun Don’t’, entre otros).

Llega al momento de acercarnos a Mordor, a la zona de los escenarios grandes, para ver a The Black Keys. Decepción. Creo que esa es la mayor sensación que se llevaron la mayoría de los miles de asistentes allí presentes. Habiéndoles visto con anterioridad en concierto, puedo asegurar que no sonaron bien (sí correctos) ni desprendieron esa chispa electrizante y cautivadora que tenían (o suelen tener, démosles un voto de confianza). No faltaron los hits de la banda (que no son pocos) y además estuvieron avispados al no incluir casi nada de su último disco (‘Turn Blue’ no es un gran disco, y por suerte ellos son conscientes), consiguiendo así no dar una mala actuación y que la audiencia pudiera bailar y pasárselo bien. Y al fin y al cabo esto importa, y mucho.

A altas horas de la madrugada el cansancio aflora. Las esperanzas de escuchar canciones nuevas del gran James Blake nos hacen quedarnos. A pesar de todo, dichas esperanzas se desvanecieron rápido al ver que el setlist es casi calcado (sino calcado) al del concierto que dio el pasado agosto en la Sala Apolo (Barcelona), así que prefiriéndolo ver en sala, nos acercamos a JUNGLE. Estos hombres sí que saben montar una fiesta. Su neo-soul hizo contonearse hasta los más escépticos y reticentes a su música. No nos pilló por sorpresa, ya que de nuevo fue el mismo setlist que su concierto del pasado noviembre; aún así, demostraron como son carne de festival.

Mañana más, pensamos al retirarnos…


VIERNES

La jornada del viernes empezó más tarde, pero justo a tiempo. A tiempo para ver a una mujer vestida de negro en contraposición a su larga cabellera gris. A tiempo para ver a Patti Smith. A tiempo para ver a una mujer que podría ser mi abuela pero que tiene más actitud y energía que muchos veinteañeros. Patti Smith dio una clase magistral de entrega, actitud enérgica, control del público (llegó a dejar enmudecida varias veces a la gran multitud allí presente), poder escénico y vocal y, sobretodo, generosidad y agradecimiento por estar allí. Destacable el emotivo momento (lloró ella y lloró el público) en el que recordó a sus amigos fallecidos (Lou Reed, los Ramones, Fred ‘Sonic’ Smith, etc.) mientras interpretaba ‘Elegie’. ¿Y cómo acabar semejante recital? Pues como no podía ser de otra manera, entonando ‘Rock N Roll Nigger’, porque ‘We’re all niggers’ y porque Patti es una diosa.

No teníamos pensado acabar en el concierto de Damien Rice, pero no nos arrepentimos. En su momento desgastamos mucho el álbum ‘O’. Sumando a este hecho la sobreexposición del momento, la aparición de Bon Iver, Sufjan Stevens, etc., el hueco folk de nuestro corazón ya no tenía más espacio para él. De hecho, ni su ausencia de casi una década y su gran retorno (‘My Favourite Faded Fantasy’ vale la pena), lograron despertar un interés como para que su concierto fuera una visita obligatoria. Todo esto da igual, lo que importa es lo que pasó esa tarde; un concierto de aquellos que no sabes si por las circunstancias, por la brisa marina, o por lo que suena, pero te emocionas. A los diez segundos de ‘Delicate’ (la canción con la que inició el concierto) el silencio ya era sepulcral y cuando entonó ‘9 Crimes’ ya nos abofeteó y nos derritió a todos. Es sin duda él uno de los pocos que puede hacer que un escenario tan grande se le quede tan pequeño, con tan solo una guitarra y su voz. La clave: un magistral y absoluto control de la intensidad y los tiempos de sus canciones. Sabe que juega con emociones, pero son las suyas propias, y las sabe transmitir como casi nadie sabe.

Y llegó el momento. Sleater-Kinney, una de las bandas que siempre hemos querido ver en vivo y por circunstancias obvias no había podido. Estas riot grrrls marcaron mi adolescencia, y ahora con ‘No Cities To Love’ han marcado mi 2015. ¿Y el concierto? Pues no decepcionó, o eso creemos. Abrieron con la oda al anticapitalismo que es ‘Price Tag’, para luego ir a sus temas del pasado (‘Jumpers’, ‘Dig Me Out’, etc.) y seguir con los temas más destacados de su último álbum. Es cierto que no se le puede hacer ningún reproche, o casi ninguno, al setlist que presentaron, que la solidez y la rabia que transmitieron era apabullante, que Corin Tucker y Carrie Brownstein cantaron de manera genial mientras Janet Weiss te transmitía miedo de ser su batería, pero faltó algo. No me atrevería a decir actitud, pero quizá sí saber transmitir y conectar con el público, el cual sí estaba muy entregado. Con todo, no hay que olvidar que Sleater-Kinney son muy grandes, y os invitamos ya a que escuchéis sus discos si aún no lo habéis hecho, son de escucha obligada.

La dosis de hip-hop se hizo esperar, pero estuvo presente. Arrastramos al concierto de Run The Jewels, autores de uno de los álbumes más aclamados por la crítica del 2014, a unos pocos amigos. Ellos no querían estar allí, pero nosotros sí, y al final nos lo agradecieron. Fue precisamente esa la virtud de Run The Jewels: la gran fiesta que montaron y lo bien que hicieron que se lo pasaran los allí presentes. No importaba si conocías o no sus canciones, si toleras o no el género, desde que iniciaron el concierto con ‘We Are The Champions’ dejaron claras sus intenciones: venían a comerse el escenario, y ¡vaya si lo hicieron!

El cansancio empezaba a hacer mella, pero aún quedaba energía para Alt-J. Y sí, Alt-J son grandes. Muy grandes. Sabemos que esto va según opiniones, pero en base a la nuestra, de los cabezas de cartel más obvios que tenía el Primavera Sound este año, los más jóvenes y los más cuestionados fueron los más soberbios. Así de fácil. Es increíble como con tan sólo dos álbumes pudieron tocar durante hora y media sin dar la sensación de haber relleno en ningún momento. Canción tras canción era temazo tras tamazo (obviamente algunos son hits y destacan más que otros). Además, aún no ordenándolos de la manera más previsible sonaron fluidamente, como sus dos LP hasta el momento. A todo esto se debe sumar cómo de implacables estuvieron tanto técnica como sónicamente. Su creatividad, el elemento más palpable y característico de la banda, quedó bien retratado en el escenario grande (uno de mis grandes miedos después de haberlos visto en sala y no en festival). Sobre todo los bajos, ¡qué bajos, señores!; bendito sea el tema ‘Fitzpleasure’. Son jóvenes, tienen solo dos álbumes publicados, y si no se mueren sus ganas de más y su buen hacer, les queda un largo camino por recorrer y a nosotros por seguir.

Así que temiendo ataques de narcolepsia repentinos y quedarnos dormidos entre mucho guiri pasado, nos marchamos. Al día siguiente tocaba jornada de despedida.


SÁBADO

¡Vaya manera de empezar el sábado… señoras y señores… Swans. Con escribir el nombre debería ser suficiente, pero por si a caso, os explicamos algunos detalles. Fueron dos horas de hipnotismo, de instrumentación apabullante, de esa que te deja tonto. Michael Gira y los suyos hicieron uso de una percusión excelente, líneas de bajos gruesas y duras y punteos de guitarras inimaginables y hasta incompresibles. Todo esto puede inducir al caos, a pensar que aquello es una jam session mal hecha, llena de despropósitos. Pero nada más lejos de la realidad, el concierto estaba preparado, cada pieza fue tocada con rabia y dolor, como si fuera la última vez que la iban a tocar. Muy grandes.

Escopeteados, fuimos a ver a American Football. Otro retorno. Aquella banda, que tras un sólo álbum publicado se retiraba, volvía. Aún así, la pregunta que surge para aquellos familiarizados con su música no tiene nada que ver con su retorno, sino con el alma y espíritu de la propia banda. ¿Serían capaces de traducir la delicadeza que se desprende de sus temas emo e indie rock melódicos en la multitud de un festival, o esta se acabaría perdiendo? Juzgando por cómo evolucionó el concierto podríamos decir que no convencieron. Al principio no cabía ni la aguja que se pierde en el pajar, pero en cambio, al final fue fácil acercarse a las primeas filas. Suponemos que los menos incondicionales acabaron repelidos por la complejidad de sus canciones, por los compases instrumentales alargados y por la intimidad explícita del concierto. Quizás no era la hora para el concierto, o quizás no era el escenario, no lo sabríamos decir. Al final, pudimos tachar el escuchar ‘Never Meant’ en directo, y ya os podemos decir que, solo por escuchar esa canción, la asistencia al festival ya se ha visto más que justificada.
No teníamos mucha fe, pero resultó que al final sí dio tiempo a ver poco menos de la mitad del concierto de Mac Demarco. Si hay algo innegable de este concierto es que fue el más divertido de todo el festival, y con mucha diferencia. Mac y su banda son unos cachondos excéntricos, e incluso se les pudo ver más tarde dando vueltas por el festival (en el concierto de Thee Oh Sees, sin ir más lejos). Cover de ‘Yellow’ de Coldaplay, anuncios de ‘Compro Oro’ y crowdsurfing a parte, el concierto también tuvo muy buena música y muy buena ejecución de ésta. Temas como ‘Brother’, ‘Salad Days’, ‘Let Her Go’ o ‘Freaking Out The Neighbourhood’ hicieron que valiera mucho la pena estar ahí también desde un punto de vista musical.

Decidir entre Interpol y Unkown Mortal Orchestra no era trivial. Los primeros habían llenado horas y horas de música en nuestras vidas, aunque es un consenso decir que sus últimos álbumes han ido decepcionando cada vez más. Los segundos habían pasado desapercibidos para mí en su debut, pero una vez descubiertos, resultaron muy agradables de escuchar (además, acababan de estrenar álbum). Al final nos decantamos por Unkown Mortal Orchestra, y no fuimos los únicos, fue mucha gente la que dejó de lado a Interpol (nos enteramos luego que tiraron de los primeros álbumes) y peregrinó a ver a la banda psicodélica. En el concierto no hubo malabarismos vocales (se le dio más importancia a la música), y lo dejamos claro ya, a pesar de que el directo resultó interesante, éste quedo lejos del sonido de estudio. Aún así, el concierto de los neozelandeses acabó siendo bastante mágico y místico, seguramente impulsados por la entrega del público y porque el sonido que la banda presenta en vivo invita a bailar, a darlo todo. Fue empezar con la funky ‘Like Acid Rain’ y los allí presentes ya se estaban contoneando. Da igual si bailas mal, vas a bailar. El punto álgido del concierto: cuando el público coreó tan fuerte ‘So Good At Being In Trouble’ que Ruban Nielsen no pudo evitar reír y dejar de cantar mientras ya lo hacían por él. Como no podía ser de otra manera, cerraron con uno de los temazos del año: ‘Can’t Keep Ckecking My Phone’.

The Strokes, uno de los grandes reclamos del festival (sobre el papel), una banda con ya quince años de trayectoria. Les tenemos cierto cariño, ya que empezamos a escucharlos muy pronto, concreatmente con el ‘Is This It’, como si no hubiera un mañana. La realidad de verlos en concierto se hizo en el 2011, en el FIB, y el día que se convirtieron en fiasco fue este. Culpad a Julian Casablancas y su ida de olla. Intentaríamos explicar las pintas del hombre, pero la verdad que las pintas que llevaba son inenarrables, camiseta fosforita del Barça incluida. A pesar de todo, y excentricidad de Julian a parte, el concierto fue muy disfrutable porque la banda no sonó del todo mal y, una vez superadas las pocas canciones de sus últimos álbumes, sirvieron hit tras hit. Por nombrar unos cuantos, ‘Reptilia’, ‘Juicebox’, ‘New York City Cops’, ‘Barely Legals’ y obviamente ‘Last Nite’. Es imposible no disfrutar de estos temas suenen cuando suenen, y suenen como suenen. O no. Olvidad esto último y mirad la reacción de Albert Hammond Jr cuando Julian Casablancas hizo una cover de ‘Vision of Division’ con su nueva banda The Voidz el dia anterior, click aquí.

El último concierto del Primavera Sound 2015 para nosotros (sin contar la ya tradicional sesión de DJ Coco) y uno del que teníamos muchas ganas, fue el de Caribou. Personalmente, nos cuesta mucho acercarnos a la música electrónica (cada vez menos) y cuando lo hacemos, nos suele gustar mucho. Y este es el caso de Caribou. Flaqueaban las fuerzas, pero aún así aguantamos y disfrutamos del concierto como unos jovenzuelos. Dan Snaith ofreció el gran concierto del día con un reportorio que asusta de impresionante y unos juegos de luces muy adecuados. Buena forma de decir ‘Adiós y hasta la próxima’.

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